martes, 3 de marzo de 2009

La derecha que arrebató el poder a la derecha

Tenemos un grave conflicto semántico-ideológico. Resulta que están diciendo en algunos medios de comunicación, determinados analistas y tertulianos varios que en Galicia la derecha se ha hecho con el poder, que lo ha recuperado. Visto de ese modo parece que lo había perdido temporalmente pero, ¿es así en realidad?. Acáso y según la trayectoria seguida por el Gobierno gallego durante los últimos cuatro años, ¿no sería más ajustado afirmar que se renuevan las siglas pero permanece el color, una tonalidad azulada si nos guiamos de la simbología cromática asumida para definir una manera de hacer política?. Ha ganado la derecha que se declara centro (el PP), hasta ahora gobernaban en coalición la derecha que dice ser izquierda (el PSG), junto con la derecha que se presenta como nacionalismo de izquierda (el BNG). Nos tememos que el problema radica en que el término "derecha" quema como etiqueta pero seduce como modelo de gestión para todas estas formaciones que, en solitario o mediante acuerdos, se alzan con el bastón de mando, en este caso en una Comunidad, pero el principio es aplicable a ayuntamientos y al Estado mismo.

¿Dónde radica la diferencia entre todos ellos?, ¿hay alguna realmente de alcance significativo?. No se trata de aumentar treinta euros una prestación social, tampoco de permitir las bodas entre homosexuales o de impartir Educación para la Ciudadanía, todas ellas medidas muy loables pero que son tiritas para una Sociedad que se desangra. La hemorragia del paro, de la marginación, de la explotación, de la desigualdad en sueldos, en derechos, en asistencia o en seguridad laboral, de la precariedad educativa y sanitaria, del abuso de poder, de la violencia ejercida sobre los colectivos más débiles o de la esclavitud encubierta a la que está sometida la mayor parte de la población, no se detiene con media docena de promesas populistas lanzadas por un candidato con chaqueta de pana y barba de cuatro días; tampoco con un par de leyes de corte social aprobadas cuando ya se tiene el poder; y menos todavía con esa especie de línea directa con el cielo que parecen poseer los líderes populares, porque milagrosa suena su pretendida capacidad para crear puestos de trabajo para todos y dotar a cada una de las familias de este País de una solvencia económica más que suficiente, pero una vez que reúnen los votos necesarios se les corta la comunicación divina, se les borra la beatífica sonrisa de la campaña y las estadísticas que hablan de la miseria del Pueblo quedan sepultadas bajo los expedientes de licencias urbanísticas y contratos de privatización.


Terminan cuatro años de Gobierno socialista y nacionalista en Galicia y comienzan otros cuatro de uno conservador. ¿Seremos capaces de distinguirlos?. Y si en las próximas elecciones generales Zapatero abandona La Moncloa y su nuevo huésped se llama Rajoy, ¿notaremos algún cambio?. En ambos casos la respuesta creemos que es no, porque los principios que rigen este Sistema, que lo alimentan hasta el punto de que cada día está más cebado y no por ello pierde voracidad la bestia sino que aumenta, siguen vigentes y son las pautas que marcan la actuación de cualquiera de las formaciones políticas que consiguen el apoyo suficiente para seguir explotando a buena parte de los que se lo han dado y casi todos los que se lo negaron. De esa opresión legitimada se salvan pocos, lo hacen aquellos que a modo de inversión sufragaron los inmensos gastos que supone para estos Partidos una campaña electoral, también los dueños de los principales medios de producción y del capital, banqueros, grandes empresarios, los principales dirigentes sindicales y todos los que mueven los hilos en esta trágica representación.


Creemos que el único reducto de izquierda real y efectiva que permanece en nuestro País, es el que desde hace años pervive en la Localidad de Marinaleda (Sevilla), con su Alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo al frente. Fuera de ese oasis, donde la negación del Capitalismo más allá de donde parece posible teniendo en cuenta las dificultades para lograrlo, ha dado paso no sólo al pleno empleo para sus habitantes, sino también de forma temporal a los llegados de otras comarcas, ha puesto fin a la utilización de los beneficios generados por la venta de la producción como incremento del lucro personal, para emplearlos en una inversión bien dirigida que amplíe infraestructuras orientadas a consolidar los puestos de trabajo existentes y a crear otros nuevos, así como a facilitar el acceso a viviendas en propiedad por menos dinero al mes, del que nos cuesta realizar las fotocopias de la documentación que nos pide una entidad bancaria para estudiar el préstamo hipotecario que al final nos negarán. Pero al "centro sin más espacio a la derecha" y a la "izquierda de bote" gallegas así como a la estatales, no les interesa un Sistema semejante porque suena a justicia y a reparto equitativo y la equidad, no lo olvidemos, conduce a la igualdad, todos ellos valores reñidos con los principios en los que se basa el Capitalismo de corte neoliberal y que son los pilares que apuntalan su subsistencia y crecimiento: la diferencia de clases establecida sobre todo en el carácter elitista que confiere la propiedad privada de los medios de producción y de los servicios esenciales.

El Partido Socialista de Galicia y el Bloque Nacionalista Galego han hecho política de derechas a pesar de sus calculadas maneras de proletarios porque es la que les favorece a ellos, a sus mecenas y a sus amigos. Han privatizado, han permitido la especulación, han realizado con dinero público gastos suntuarios, no han legislado para la protección de los sectores más desamparados y castigados, no han mejorado las condiciones laborales de los trabajadores ni asegurado sus puestos, han favorecido la obtención de beneficios desproporcionados a los grandes empresarios, han repartido los presupuestos de la Administración de forma arbitraria e interesada, han aceptado expedientes de regulación de empleo más que dudosos, no han preservado los espacios naturales, han contribuido al deterioro del medio ambiente, no se han preocupado por elaborar una Ley de Protección Animal adecuada pero sí han dado el visto bueno a campeonatos de cacerías o se han desentendido por completo del estado lamentable de las perreras municipales, han apoyado la cultura gallega pero denostando a otras para conseguirlo, no han facilitado la integración del inmigrante, han aumentado hasta un extremo casi histérico el afán recaudatorio a base de sanciones, han vendido una imagen de si mismos que no se correspondía con la realidad de sus actuaciones y en definitiva, han preferido atender las exigencias del capital antes que las necesidades de los ciudadanos de la calle, esos que cada mil cuatrocientos días por término medio son rescatados del olvido y durante dos semanas, se convierten en seres humanos aparentemente derechos a decidir sus destinos; la realidad es que están siendo persuadidos para legitimar otros cuatro años de acatamiento forzoso a decisiones tomadas sin contar con ellos, de claudicaciones de esperanzas e ilusiones, de atragantarse con dificultades jamás resueltas y todo ello, con una inexplicable disposición a la resignación y a la docilidad, llevadas a tal punto que cumplido el ciclo volverán a dotar de legalidad a sus logreros dirigentes, amparados bajo las mismas siglas u otras pero que en todo caso, ocultan una misma filosofía de poder.

En Galicia la derecha le ha arrebatado el poder a la derecha y ocurrirá lo mismo en las próximas elecciones, porque en esta partida de dos con algún colaborador ocasional bien remunerado no hay alternativas, al igual que durante la campaña su presencia acapara todas las informaciones y una vez celebrados los comicios, sus resultados parecen ser los únicos dignos de tenerse en cuenta, por no mencionar el agravio comparativo que resulta de tener menos valor a efectos de cómputo para obtener representación parlamentaria, un voto de una Formación pequeña que el de una grande en términos de electores. Y en este duelo eterno entre dos rivales cuyo enfrentamiento nace de su similitud, las víctimas siempre las padece el Pueblo, aunque éste parezca no haberse dado cuenta de ello y se exponga a las balas creyendo que por estar bañadas en plata, le convertirán en un opulento poseedor en vez de en un demacrado cadáver. Y es que una ambición bien alimentada con visos de ser satisfecha y unas cuantas lecciones de competitividad, es una cadena muy difícil de romper, sobre todo porque el esclavo no es consciente de su condición.


1 comentario:

Albert Esteruelas Teixidó dijo...

Marinaleda? EL otro día vi "El sueño de la TIerra" y lo que más me impactó fue ver como Gordillo aún hace asambleas! Es una izquierda, izquierda, de la de verdad, no una izquierda de élite que es en lo que se está quedando la izquierda crítica. Por MArinaleda, silenciada al máximo en los medios de comunicación, vamos bien.