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lunes, 2 de noviembre de 2015

Carta a Amancio Ortega



Querido y admirado Amancio Ortega:

Somos la explotación infantil, el salario del hambre y el despido libre, pero le hemos encargado que te escriban en nuestro nombre estas líneas de gratitud a los legisladores que permiten el establecimiento de tus empresas en las condiciones que te han llevado a ser el hombre más rico del mundo. Ellos saben bien cómo redactar la letra grande, la pequeña y hasta esa que no existe, por ejemplo en las etiquetas de tu ropa, y los hijos que nosotros parimos gracias a tu esperma no sabrían o no podrían.

Las niñas y niños que trabajan en tus talleres no han ido a la escuela y serían incapaces por analfabetos; tus obreras y obreros que sí saben leer y escribir no se atreven por miedo al tercero de nosotros; los que echaste a la calle no disponen de tiempo para la literatura ni un bufete de abogados que les pongan el texto delante para firmar.

Los tres te damos la enhorabuena por ser el más millonario entre los millonarios y todo nuestro agradecimiento porque nosotros seríamos más insignificantes si no fuese por ti. Tu expansión es nuestra multiplicación, tu éxito nuestra legitimación, tu ejemplo nuestra garantía de futuro y en cada euro de tu fortuna un buen puñado de céntimos los hemos acuñado nosotros.

Te describen como un hombre de origen humilde, emprendedor, creador de empleo, autocrítico, de carácter no autoritario y caritativo. Tu modelo de persona y empresario debería de enseñarse ya desde los colegios de primaria y no sólo en las escuelas de negocios, de ese modo habría menos voceros de pamplinas como los derechos laborales o sociales, y la explotación infantil, el salario del hambre y el despido libre no tendríamos que disputarles continuamente el espacio y del que tanto te debemos.



jueves, 14 de junio de 2012

¿España?... Que alguien me pase la bolsita para el mareo


Un señor entra en mi casa y veo, muy tranquilo, cómo lo hace. No es que le crea un amigo pero sí alguien que viene a sugerirme ideas y ofrecerme soluciones para convertirme la vida en más fácil. Y yo le dejo a su aire. Recorre libremente todas las estancias mientras continúo a mis cosas confiado en su indudable profesionalidad. Pero cuando me quiero dar cuenta ese individuo se ha llevado de mi nevera hasta la mermelada caducada, ha vaciado mis cajones y tiene en sus manos las llaves de mi coche. Perdón, quería decir de "su" nevera, de "sus" cajones y "su" coche, porque resulta que asombrado descubro que ahora "mi" casa es "su" casa. Me enseña, para que no dude, el título de propiedad, porque no crean que ha huido tal cual haría un ratero que me hubiese birlado la cartera en el Metro, no, éste sigue delante de mí e incluso está sonriendo burlón, como diciéndome: "no sólo te he limpiado sino que encima eres un completo mentecato".

Claro, yo acudo desesperado a la comisaría más cercana, presento una denuncia y ésta acaba en manos del Juez. ¿Y saben cuál es la sentencia del Señor Letrado?: que yo, el que confíó en la honestidad del hombre al que dejé entrar en mi hogar, al que ese individuo le arrebató absolutamente todo, soy condenado a hacerme cargo de un crédito que le ha sido concedido a é, sí, a mi atracador, para que termine de pagar la vivienda y el vehículo que me sustrajo, y ya de paso instalar jacuzzi en la primera y ponerle llantas de aleación al segundo. Parece una broma o un desvarío, ¿no? Pues no lo es.

Y es que si todo esto lo trasladan de un domicilio particular a un País, de mí a infinidad de ciudadanos, y de un chorizo concreto a ciertos políticos, empresarios, bancos y adláteres, entiendo que el ejemplo es perfectamente aplicable a lo que está ocurriendo en España. Nos mienten, roban, NOS roban, y ahora los saqueadores reciben una fortuna de manos de los que manejan la pasta siendo nosotros, las víctimas del pillaje y los que carecemos hasta de lo básico, quienes tendremos que satisfacer el préstamo y sus intereses. Pero no solo eso, es que encima la letra pequeña del crédito nos retrotrae a un pasado en el que apenas teníamos derechos pero tampoco débitos. Ahora nos usurpan los primeros y nos cargan de los segundos.

El Gobierno nos está llamando imbéciles al engañarnos, nos toma por estúpidos al convertirnos en los que tienen que apoquinar el precio de un dinero que va para los suyos, nos asume como idiotas al seguir sin privarse de nada estos últimos, los mismos que se llevaron todo, y al fin nos da palmaditas en la espalda diciéndonos: "y es que además sois unos gilipollas", al devolvernos a una realidad social similar a la que teníamos cuando no había democracia. ¿He dicho democracia" Una m......

Y mientras pido limosa en una esquina para poder pagar las letras de esa casa que ya no es mi casa ¿saben qué veo?: al que se quedó con ella entrar en una cafetería, pedirse un cubata y ponerse a ver la final de la Eurocopa, esa que le ha costado la vida a cientos de miles de perros. Sí, ¡soy un gilipollas!

domingo, 7 de agosto de 2011

La sorprendente piña real

Este hombre de vez en cuando debe de tener fogonazos, pero sólo son eso: explosiones de luz efímeras que en vez de iluminar, ciegan. Me estoy refiriendo al Rey y a esa observación suya que numerosos medios, incorregibles meapilas zarzuelinos, han destacado como si estuviesen recogiendo la quintaesencia del pensamiento socrático.

Pero a pesar del revuelo mediático – tan habitual cuando al hecho, por más nimio que sea, le acompaña el adjetivo regio – no lo entiendo más que como un cubrir la nómina haciendo algo diferente a colgar medallas a toreros, asistir a recepciones, presenciar corridas, participar en regatas, cazar osos y presidir desfiles embutido en un traje militar jalonado de galones y condecoraciones conseguidas a base de… apellido.

Si la apoteósica frase que le dirige a los partidos invitándoles a “hacer piña sin caer en batallitas” es su única aportación a la situación económica y a la tragedia social en la que estamos inmersos, entonces es preferible el silencio, porque al menos la ausencia de sonido no llevará aparejada la ignorancia o la doble intención que se podría extraer de estas palabras, en todo caso, sea cual sea la fuente de la que beben, nos ilustran y mucho sobre el que las pronuncia.

¿”Hacer piña”? ¿Podría explicarme Don Juan Carlos en torno a qué tendrían que hacer piña los grupos políticos al referirnos a esto que llaman crisis? ¿Tal vez alrededor de la decisión de cortar unas ayudas al desempleo que eran los únicos ingresos percibidos por muchas familias? ¿O de las inyecciones económicas a entidades bancarias sin que en modo alguno reviertan en los ciudadanos? ¿Piña para las regulaciones de empleo en empresas que producen beneficios? ¿Para las privatizaciones de servicios esenciales? ¿Acaso en destinar medio centenar de millones a la visita de Benedicto XVI? ¿En acallar protestas más que legítimas y cargadas de razón con las porras? ¿En los desahucios? ¿O en una monarquía impuesta que no es barata, por cierto?

Existen formaciones políticas y de otra naturaleza –  esto es algo que a buen seguro Usted sabe – que rechazan el capitalismo como orden de organización social y económica, al entender que en los principios que lo sustentan se hallan las verdaderas razones de estos episodios de extensión de la miseria que no hacen más que salpicar un continuo estado de reparto injusto y desigualdad. ¿Cree verdaderamente que esos grupos podrían hacer piña con los que promueven y defienden un modelo de economía y de sociedad como el actual? Si la respuesta es sí denota un gran desconocimiento. Si es no, entonces es que en su fuero interno sólo son válidos y aceptables ciertos partidos, no todos.

A esa piña, Señor Juan Carlos, siempre le faltarían algunos gajos. Y comprendo que sean precisamente los más “molestos”, los incorrectos, los que la ley – aunque a veces lo intenta – no puede prohibir pero sí trata de denostar. En ocasiones directamente y en otros casos simplemente favoreciendo al resto. Gajos que se les indigestan a muchos estadistas porque representan un peligro para sus privilegios y los de los suyos. Pero gajos que están ahí a pesar de que a menudo actúen y legislen como si no existieran.

Entiendo que su fórmula magistral sea del agrado del Señor Botín o del Señor Alierta. Y también que aplaudan sus palabras los señores Rajoy y Rodríguez Zapatero entre otros muchos. Pero hay más, mal que les pese a algunos hay más. Y eso que Usted denomina batallitas entre pares no creo que sea lo verdaderamente les preocupe a los primeros, sino otro concepto, el de lucha social. La protagonizada precisamente por los que jamás podrán hacer piña con aquellos que representan la pervivencia de lo que rechazan.

Una frase que no pocos consideramos desafortunada, se lo aseguro. Pero muy ajustada a quien la ha pronunciado, eso también es cierto.

viernes, 1 de mayo de 2009

Si nadie tiene el dinero, ¿dónde está?



Nuestros hijos tienen ese conocido juego de mesa llamado Monopoly – seguro que por sus casillas empezaron El Pocero y Jesús Gil-. Cada vez que organizan una partida los billetes de colorines pasan incesantemente de las manos de uno a las del otro y por la banca, que como en la vida real nunca pierde; cuando acaban los guardan en la caja y ahí se los encuentran en la siguiente ocasión en la que deciden volver a jugar. Ahora imagínense que un día, al abrirla, descubren que el dinero no está dentro. Si ninguno de ellos lo ha cogido del juego, ¿cómo es posible que haya desaparecido?.


¿Cómo puede volatilizarse el dinero de un País?, ¿quién lo tiene?. Aquellos que han perdido su empleo está claro que no. Los que conservan su puesto de trabajo afirman estar pasando por un periodo de crisis y recortan al límite sus gastos, o sea, su poder adquisitivo es menor porque en teoría, disponen de menos efectivo que antes. Las empresas, pequeñas, medianas y grandes, cierran o deciden despidos masivos, bajan su producción, eliminan turnos y en muchos casos, llevan a cabo recortes salariales. Los bancos aseguran estar viviendo una situación económica delicada, sostienen que su capital se ha visto mermado y que lo están pasando mal (esto no es ninguna broma, lo hemos oído). No escuchamos a nadie decir que está mejor que antes y ni tan siquiera igual. Entonces, si todos son más menesterosos o menos pudientes, ¿dónde diantres está el dinero?, ¿lo han quemado?, ¿han hecho barquitos de papel con él y navega por el Atlántico?, ¿lo utiliza de relleno Ana Obregón?. No entendemos nada.

Nos da la impresión de que hay unos cuantos comercios que no flaquean y que siguen teniendo clientela. Hablamos de oídas porque son tiendas de productos suntuarios, de esas que ocupan las llamadas "millas de oro" y no las frecuentamos por falta de tiempo, pero probablemente los que continúan dejándose euros en ellas y a juzgar por el tipo de productos que adquieren, deben de ser a su vez propietarios de grandes empresas o de negocios muy boyantes. Esos no son menos ricos que hace un tiempo, pero luego se presentan con gesto compungido delante de sus trabajadores y les dicen en tono severo que debido a la coyuntura actual, a la crisis, a la recesión y a un señor que pasaba por Tegucigalpa, se ven en la penosa obligación de realizar un ERE y echar a la calle a media plantilla. Una vez cumplido el trámite, el desolado empresario se monta en su deportivo recién comprado y se va camino de su villa con campo de golf y vistas al embarcadero donde amarra el yate, pensando en qué modelo de reactor ejecutivo se va a comprar con lo que acaba de ahorrarse en futuros sueldos.

El obrero se pasa toda su vida siendo un elemento prescindible dentro del proceso de producción, recibiendo a cambio poco más de lo que le hace falta para cubrir sus necesidades vitales y la de los suyos, a veces ni eso. Tal situación que roza la precariedad puede llevarle un día a querer obtener algo más. Él sabe que su trabajo proporciona mucho dinero a su jefe y claro, acáso llegue un momento en el que se le pase por la cabeza la idea de pedirle mayores ingresos, con la intención de poder permitirse elevar un poco su nivel de vida o al menos, dejar de pagar las letras del coche con recargo por demora.

El patrón es consciente de esa amenaza, no en vano lleva mucho tiempo disfrutando de la abundancia gracias a la escasez a la que obliga a sus empleados. Y quien dice un empresario dice el sistema bancario o el Estado, porque todos se caracterizan por escatimar al ciudadano lo que entre ellos se reparten a espuertas. De ahí su sectarismo y defensa mosquetera, con el "todos contra uno: el trabajador", y por eso las ayudas para paliar la situación las deciden en pequeño comité y, qué casualidad, ellos son los perceptores. Y nosotros con cara de abadejos, mientras escuchamos su discurso populista en el que nos transmiten que están realmente preocupados: "Tranquilos ciudadanos, que le vamos a dar mil millones al Sr. Botín para que os los hagan llegar...".

¿Y cómo enfrentarse a ese riesgo de que el proletariado se canse de administrar las sobras y exija un reparto más justo?. Pues sin duda lo mejor es explicarles que no hay nada que repartir. De un plumazo, desde la cúspide de la pirámide social hasta la base, todos están al borde de la ruina. Así que para qué reclamar una mejor distribución de los bienes si estos se han esfumado. Eliminada la tentación queda descartado el peligro.

Los parados se callan y esperan, esperan, esperan... Los que están trabajando consienten y rezan por no perder lo que tienen; los pequeños comerciantes y empresarios humildes abren el cierre de su negocio cada día pensando: "¿entrarán hoy más clientes que acreedores?", y los otros, los que desayunan ostras con cava, los que tienen cuatro coches, tres motos y un quad en su garaje, casa de invierno, chalet de verano y residencia de fin de semana, los que viajan en primera clase, esquían en Baqueira y jamás se lanzan a las ofertas de un Hipermercado, esos seguirán con su ritmo de vida pero lo harán un poco más a hurtadillas, que queda feo decir que te ves en la obligación de arrojar al desempleo a un centenar de trabajadores, o que tu entidad bancaria no puede conceder un préstamo personal de seis mil euros por culpa de la crisis, mientras los perjudicados ven como te comes una cazuela de angulas y desde el móvil reservas unos pasajes para las Islas Mauricio. Allí también habrá recesión suponemos, porque nos están explicando que esto es a escala mundial. La cosa es mucho más grave entonces, no es que en España el dinero no aparezca por ningún lado, es que al parecer no saben dónde han puesto el de todo el Planeta.



Pues eso, que los billetes del Monopoly de nuestros hijos no se había evaporado, se los hemos escondido nosotros, que para algo somos sus padres, con la intención de que jueguen menos y estudien más. El dinero de este País sigue estando en manos de los mismos que lo tenían hace dos años o una década, pero si se les interpela ponen la misma cara de jugador de poker que nosotros ante las preguntas de los niños. Y es que para qué decirles la verdad y confesarles que es una medida de coacción, si de este modo se lo van a creer y vamos a conseguir lo que queremos de ellos: que se callen y obedezcan.

Es tan fácil abortar cualquier conato de protesta valiéndose de engaños y lograr que todo siga igual. Lo difícil es asumir que nos seguimos tragando sus embustes y si no es así, actuamos como si nos los creyésemos, que para el caso es lo mismo