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lunes, 17 de enero de 2011

Mal acabamos y peor empezamos


2010 acabo mal, pero que muy mal, qué duda cabe, sin embargo 2011 está logrando el más difícil todavía: empezar peor de lo que terminamos. Da la impresión de que tenemos en el Gobierno a Harry Potter y en la oposición al Mago Lord Voldemort, ambos enfrentados a muerte y mira por dónde que los dos con destinos y estrategias muy ligadas porque en definitiva, sus intereses son comunes aunque traten de disimularlo. Se podría decir que sus programas, o al menos la interpretación que hacen de los mismos, son aparentemente tan reñidos como idénticos a la hora de la verdad en el fondo y en la forma. Me recuerdan a esos formatos de televisión dedicados a la pantomima de peleas entre famosos (o los que tratan de llegar a serlo) donde desmenuzan todas sus intimidades: los emiten con nombres diferentes en distintas cadenas que son competencia entre sí, pero lo cierto es que tanto unas como otras persiguen un objetivo similar: la alienación de los ciudadanos haciéndoles consumir un mismo producto tóxico fácil de digerir cuando el análisis no precede nuestras acciones, un material sencillo de vender por la carga de morbo que lleva y que les reporta grandes ingresos en publicidad gracias a su alta audiencia.



Esta visión pesimista que transmito no depende realmente de fechas que, en todo caso, no son más que números y sólo sirven para establecer comparaciones acerca de cómo vamos evolucionando, sino que constituye el resultado, al menos el mío, de reflexionar sobre el devenir de una existencia condicionada por las circunstancias que a cada uno le toca vivir, y en la nuestra, si la imagino como una singladura a lo largo de un río, parodiando a Jorge Manrique, veo que la gran mayoría siempre navegamos arrimados a una de las orillas, lo que no nos impide observar lo que ocurre en el otro margen por el que también avanzan unos pocos, los privilegiados, cuya corriente, aún siendo la misma, discurre paralela a un vergel mientras que la nuestra lo hace junto a un vertedero. Veamos algunos ejemplos:

En nuestro lado, las continuas privatizaciones de servicios esenciales para la sociedad implican que paguemos cada vez más por prestaciones generosas en precariedad o en las que en todo caso, su paso a manos de empresas no han supuesto el menor beneficio económico para los ciudadanos. Y cuando es mandatorio que existan también en su forma pública, las administraciones ya procuran su deterioro para que el consumidor acabe abonando lo que debería de ser gratuito y efectivo. En el otro, los mercaderes de la sanidad, de la educación, de la telefonía, de la electricidad o de los transportes, por citar algunos, se forran con ventas que incrementan patrimonios particulares pero que auguran un futuro aún más miserable para un pueblo esquilmado.




En nuestra ribera, los trabajadores van perdiendo
esa condición al quedarse sin el empleo y hasta sin un subsidio con categoría de limosna, tanto por su cuantía como por lo mucho que nos restriegan lo gravoso de su percepción. Detrás irán la casa, el coche e incluso la comida en ciertos casos, pues no hay más que fijarse en las numerosas peticiones de ayuda para alimentos que están recibiendo algunas ONGs. En la otra, se destinan miles de millones de euros a los bancos, se habla de llevar capital privado a las cajas, se gastan enormes cantidades en subvencionar corridas de toros o se les entregan a federaciones de caza. De acuerdo que las cifras en el caso de las entidades financieras son mucho mayores, pero ambos paradigmas nos trasladan una injusticia común: en el primero se le está dando dinero de todos a los que en buena medida son responsables de la situación de miseria social y que lejos de estar padeciendo necesidades, como tantas familias, lo único que han visto es reducirse ligeramente sus inmensas ganancias; en el segundo parte del presupuesto público se emplea en perpetuar el maltrato y muerte de los seres con mayor desprotección legal. La connivencia de los poderes ejecutivo y legislativo con el económico es lo que permite tal magnitud de opresión hacia las eternas víctimas, los más débiles de esta pirámide con independencia de cuál sea su especie.


En nuestro ribazo, AENA pretende sumar al existente en función del peso de la aeronave un nuevo canon por uso de infraestructuras aeroportuarias, lo que aumentará el coste de los viajes en avión porque esa subida repercutirá en las tasas que las aerolíneas le aplican a los billetes, y todo eso mientras tratan de hacernos creer que un colectivo como los controladores es en buena medida el culpable de varios de los problemas que afectan al transporte aéreo. En el otro, los gobiernos autonómicos favorecen económicamente a compañías como Ryanair, que no sólo trata de un modo indecente a sus clientes cobrándoles casi por atreverse a respirar dentro de la aeronave, sino que su política empresarial le está causando graves perjuicios a otras y motivando la pérdida de puestos de trabajo mientras ella cobra a los pilotos por admitirlos aunque luego se lo vaya reintegrando sueldo a sueldo. O el Estado le otorga la gestión de varias torres de control a grandes empresas que posiblemente algún papel desempeñaron a la hora de afrontar los gastos de campaña electoral. Dicen que favor con favor se paga, y está muy bien la máxima, lo sangrante del asunto comienza cuando la transacción empobrece literalmente y resta calidad de servicios a quienes jamás pidieron o recibieron esos favores.

En nuestro extremo del río recibimos a cualquier hora del día, incluyendo la noche, mensajes al móvil o llamadas con publicidad en las que, sorprendentemente, saben incluso nuestro nombre sin que por supuesto nosotros jamás se lo hayamos facilitado. La Ley de Protección de Datos es un documento muy sonoro pero que se queda sólo en eso, ruido, y poco importa que seamos celosos de nuestra intimidad, porque información personal que nos concierne sólo a nosotros es a menudo un producto de mercadillo sin que nos enteremos los principales afectados. En el otro, la Casa Real expresa su gran indignación porque un periodista logró hablar por teléfono con el Monarca haciéndose pasar, dicen, por un político, aunque realmente no hizo más que utilizar su verdadero apellido al presentarse y éste coincidía con el del Presidente de la Generalitat. El caso es que los guardianes de La Zarzuela lo consideraron una intromisión intolerable en la privacidad de Don Juan Carlos. ¿”Todos iguales”, dice la Constitución?, habrá que reubicar este librito en las estanterías de las bibliotecas y situarlo en el lugar que le corresponde: novelas de ficción. Mientras aquí el Gobierno pone cuantas trabas es capaz para el esclarecimiento del asesinato del Periodista José Couso, allí un Ex – Presidente de Gobierno sigue sin ser encausado por su parte de responsabilidad en la invasión criminal de Irak.


En nuestro litoral sube la edad de jubilación, y como no estaba precisamente baja antes y en todo caso bastante más alta de la estipulada en otros países de Europa, a los que dicen que tanto nos parecemos (será que como nuestros sueldos son bastante más exiguos hacen la media entre ambos valores, edad y salario, para establecer la comparación) habrá que encomendarse a Galeno para que mejore la atención sanitaria y bajen las listas de espera, porque o es eso, o poco tiempo y salud le va a quedar al ¡por fin jubilado! para disfrutar de aquello que le apetezca. En el otro, tenemos a la caterva de ex-altos cargos que perciben remuneraciones descomunales por lo que hicieron y ya no hacen, además de convertirlas en compatibles, en bastantes ocasiones, con ingresos adicionales por algún puestecito más honorífico que otra cosa, o de cara a la galería para presumir de plantilla ilustre y aprovechar su valiosa agenda. Entre los que se llevan sueldos millonarios por trabajos que ya no ejercen y que, como el primer salario no les roba ni un minuto, pueden cobrar a la vez cifras insultantes por alguna consejería en la empresa privada, hay un par de antiguos Presidentes del Gobierno que imagino que jamás tuvieron la menor inquietud en modificar la ley que permite tal agravio. Y eso, como es legal, obliga al silencio colectivo, ¿no?

En los ejemplos anteriores, que son únicamente una pequeña muestra de un doble rasero con consecuencias trágicas, hay tanto cuestiones vitales como anecdóticas. Pero sea cual sea su trascendencia y sin restarle importancia a ninguna de ellas, algo es indiscutible a mi juicio: que unas y otras apuntan a que los ciudadanos que navegamos por la orilla con vistas a la basura somos un rebaño tan maltratado como sumiso. Y seguramente lo segundo hace posible lo primero.

martes, 11 de noviembre de 2008

Esperanza Aguirre, cómo privatizar arrasando lo público

El amparo y aliento de los medios de producción privados así como la necesidad para que estos subsistan y se lucren de contar con mano de obra –cuanto más barata y mansa mejor- como principios inherentes al Sistema Capitalista en el que estamos inmersos, son dos factores fundamentales a la hora de valorar lo que está ocurriendo, especialmente en la Comunidad de Madrid -feudo puntero en lo que a neoliberalismo económico se refiere- con la progresiva privatización de la enseñanza y lo que este hecho conlleva: la descalificación y deterioro desde el ámbito gubernamental de la pública, la segregación de los alumnos y el apoyo absoluto y fundamental a la iniciativa privada convertida en negocio educativo.

La derecha no es tal porque los girondinos se sentaran en esa parte de la Asamblea Nacional Francesa, sino que está basada en mantener y acrecentar mayores diferencias sociales día a día para que la mayor parte de los ciudadanos estén al servicio físico, laboral, económico y hasta ideológico de un estamento pequeño, cerrado y privilegiado que acapara el poder, lo controla a su antojo y convierte las libertades civiles en un instrumento a su medida e interés, soltando cuerda lo suficiente como para que no se produzca una rebelión que ponga en peligro su continuidad pero asegurando en todo momento, mantener invariables y protegidos los principios que regulan esta situación de profunda diferenciación social.

La Marquesa rubia, la musa del Sr. Dragó, Esperanza Aguirre, es un baluarte dentro de esta política y por eso, la Comunidad de Madrid, en un obsesivo afán por privatizar cuanto le es posible, aunque se bordee la ley en diversas ocasiones y sin descartar que en más de una hayan “metido el pie” en el otro lado, está llevando a cabo una verdadera cruzada contra la sanidad y enseñanza públicas, limitando sus recursos, sembrando sobre ellas la desconfianza y alimentando el rechazo social sobre servicios tan esenciales como trascendentales para los ciudadanos y de ese modo, abonar el camino para dignificar y promover la iniciativa privada en dichas áreas mientras mantiene la pública como gueto donde arrinconar a los colectivos que considera inferiores, con menos derechos y cuyo bienestar ha de ser el suficiente, no más, para permitirles estar al servicio de la élite dominante.

Y ese camino, en el caso de la enseñanza, empieza por utilizar recursos de todos, es decir, suelo público para cedérselo a empresarios privados y que salven de ese modo el obstáculo de conseguir un emplazamiento para un Centro escolar convertido en franquicia docente. En Madrid se está otorgando terrenos de titularidad pública para levantar colegios en los que en muchas ocasiones, como privados que son, se exige cumplir un ideario para poder acceder a los mismos. Esto significa que el dinero público sirve para fomentar ideologías particulares. ¿Es eso democrático o vulnera el principio de que todos tenemos derecho a una enseñanza plena, íntegra, completa, eficaz y gratuita, así como la obligación de los poderes públicos de que los centros docentes reúnan los requisitos que la Ley establezca?. Pero esa ley de mínimos y en muchos casos ni eso, aplicada a los colegios públicos para denostar su imagen y “forzar” a los padres a llevar a sus hijos a un centro privado, es un ajustarse con tibieza a la legalidad en un alarde de cinismo y ruindad, negando medios a lo público y regalándoselos a lo privado.

En la Comunidad de Madrid la mayor parte de los alumnos los últimos años han sido matriculados en centros privados y por supuesto, ¿quiénes son los que se han quedado en los públicos?, pues aquellos que por ser inmigrantes o tener algún tipo de limitación padecen dificultades idiomáticas o de cualquier otra índole; son los escolares extranjeros (sólo los procedentes de las zonas más deprimidas), los de garantía social o los de compensación educativa. En una frase: los parias de la Sociedad. De nuevo la enseñanza al servicio de un sistema económico que para perdurar necesita crear diferencias y desigualdad, pues es la base de su existencia y esta conducta infame está eliminando el derecho universal a una escolarización adecuada, socavando la seguridad de los alumnos y pisoteando la parte humana de tan fundamental etapa en la vida de una persona, se está convirtiendo en un mecanismo al servicio del poder y estableciendo desde los primeros años en la existencia de un ser humano quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores en esta Sociedad.

En el caso de Madrid, el más sangrante de todo el Estado, se penaliza a la enseñanza pública a favor de la privada. No hay plazas suficientes en la primera pero hay suelo y centros levantados con dinero de todos para la segunda; las ayudas para financiar la privada chocan con la desasistencia y desamparo flagrante en que se ve sumida la pública. El resultado: Madrid es la Comunidad en la que más alumnos se matriculan en la privada, tanto iniciales como salidos de la pública y en cambio, en esta última, es donde llegan más escolares con problemas de inserción, adaptación, lenguaje y aquellos que viven en una situación social más precaria. Dicho de otro modo: los ricos sobreviven en los hospitales privados, los pobres mueren en los públicos. Los niños con posibles son formados en centros privados, los que no disponen de medios o aquellos que provienen de los segmentos más desfavorecidos, son agrupados y mal atendidos en colegios públicos abandonados por parte del Gobierno regional. Y en ningún caso, que quede muy claro, es por desidia, falta de interés o pocas aptitudes de los trabajadores al frente de estos servicios, que hacen verdaderos milagros por cumplir con su labor aún sin recursos para ello, sino que es una estrategia dirigida desde el poder y orientada a mantener un sistema elitista y discriminador.

Este “acoso y derribo” de la escuela pública si fuese la iniciativa de un particular sería en todo caso lamentable pero algo anecdótico, ya que no pasaría de las intoxicaciones a las que nos tiene acostumbrados la derecha mediática; pero cuando es organizado, secundado y mantenido desde quien tiene bajo su responsabilidad las competencias en materia de educación de cientos de miles de personas, se convierte en una cuestión intolerable por cuanto supone de agravio a los ciudadanos que no se dividen en categorías, tal y como nos pretenden hacer creer desde esos ámbitos y es una cuestión muy peligrosa que se transforma en el germen de futuras exclusiones sociales y de la marginalidad, la discriminación y el sometimiento de unos seres al arbitrio y los intereses de otros.

Un niño es una criatura moldeable y vulnerable. Negarle una educación tutelada en lo que a medios completos y suficientes por parte del Estado se refiere es un crimen y supone condenarle de por vida en nombre de unas leyes de mercado aberrantes. En 1792, en un “Informe y Proyecto de decreto sobre la organización general de la instrucción pública” se decía: “ … de este modo establecer entre los ciudadanos una igualdad de hecho, y hacer real la igualdad política reconocida por la ley: tal debe ser el primer objetivo de una instrucción nacional y, desde este punto de vista, constituye para el poder público un deber de justicia”. Y aún mucho antes Aristóteles explicaba que: “Puesto que el fin de toda ciudad es único, es evidente que necesariamente será una y la misma la educación de todos, y que el cuidado por ella ha de ser común y no privado…”. Pero parece que tantos siglos después, el sector más reaccionario del Partido Popular considera que segregar a los niños ya durante su periodo de aprendizaje, es el método más seguro para que el día de mañana no peligren los intereses de aquellos que anteponen su beneficio personal a cuestiones tan sagradas como han de ser la educación o la sanidad. Esta actitud conservadora a ultranza, por más que consiga esquivar la ilegalidad, es un crimen, repito, en tanto en cuanto está permitiendo que aquellos que no tienen medios suficientes, se mueran en situaciones en las que sobreviven los que tienen la capacidad económica para costearse una sanidad privada; al igual que está creando muertos en vida, porque ese es el resultado de tan injusto comportamiento: el propiciar una existencia miserable a los que recogen los despojos de una educación cada vez más carente de medios adecuados para ser impartida de un modo eficiente.

Y vaya desde aquí el reconocimiento, la admiración y el agradecimiento a todos los docentes y a los que desempeñan cualquier otra labor en un centro público, por su alto grado de compromiso, sacrificio, vocación y dedicación, actitudes todavía más valiosas cuando desde la Administración, se les niega lo más esencial para llevar a cabo su trabajo y que sin duda, son capaces de realizar gracias a su inmensa valía tanto personal como profesional. De ellos, y no de aquellos que sólo pretenden domesticar y de paso lucrarse, deberían de aprender el Sr. Carlos Mayor Oreja y la Sra. Esperanza Aguirre, cuyo comportamiento hacia los madrileños con mayor desprotección, sean de origen o de adopción, es mezquino, vergonzoso, insultante y abyecto en quien prometió en la toma de posesión de su cargo estar al servicio de TODOS los ciudadanos.

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