Esta visión pesimista que transmito no depende realmente de fechas que, en todo caso, no son más que números y sólo sirven para establecer comparaciones acerca de cómo vamos evolucionando, sino que constituye el resultado, al menos el mío, de reflexionar sobre el devenir de una existencia condicionada por las circunstancias que a cada uno le toca vivir, y en la nuestra, si la imagino como una singladura a lo largo de un río, parodiando a Jorge Manrique, veo que la gran mayoría siempre navegamos arrimados a una de las orillas, lo que no nos impide observar lo que ocurre en el otro margen por el que también avanzan unos pocos, los privilegiados, cuya corriente, aún siendo la misma, discurre paralela a un vergel mientras que la nuestra lo hace junto a un vertedero. Veamos algunos ejemplos:
En nuestro ribazo, AENA pretende sumar al existente en función del peso de la aeronave un nuevo canon por uso de infraestructuras aeroportuarias, lo que aumentará el coste de los viajes en avión porque esa subida repercutirá en las tasas que las aerolíneas le aplican a los billetes, y todo eso mientras tratan de hacernos creer que un colectivo como los controladores es en buena medida el culpable de varios de los problemas que afectan al transporte aéreo. En el otro, los gobiernos autonómicos favorecen económicamente a compañías como Ryanair, que no sólo trata de un modo indecente a sus clientes cobrándoles casi por atreverse a respirar dentro de la aeronave, sino que su política empresarial le está causando graves perjuicios a otras y motivando la pérdida de puestos de trabajo mientras ella cobra a los pilotos por admitirlos aunque luego se lo vaya reintegrando sueldo a sueldo. O el Estado le otorga la gestión de varias torres de control a grandes empresas que posiblemente algún papel desempeñaron a la hora de afrontar los gastos de campaña electoral. Dicen que favor con favor se paga, y está muy bien la máxima, lo sangrante del asunto comienza cuando la transacción empobrece literalmente y resta calidad de servicios a quienes jamás pidieron o recibieron esos favores.
En nuestro extremo del río recibimos a cualquier hora del día, incluyendo la noche, mensajes al móvil o llamadas con publicidad en las que, sorprendentemente, saben incluso nuestro nombre sin que por supuesto nosotros jamás se lo hayamos facilitado. La Ley de Protección de Datos es un documento muy sonoro pero que se queda sólo en eso, ruido, y poco importa que seamos celosos de nuestra intimidad, porque información personal que nos concierne sólo a nosotros es a menudo un producto de mercadillo sin que nos enteremos los principales afectados. En el otro, la Casa Real expresa su gran indignación porque un periodista logró hablar por teléfono con el Monarca haciéndose pasar, dicen, por un político, aunque realmente no hizo más que utilizar su verdadero apellido al presentarse y éste coincidía con el del Presidente de la Generalitat. El caso es que los guardianes de La Zarzuela lo consideraron una intromisión intolerable en la privacidad de Don Juan Carlos. ¿”Todos iguales”, dice la Constitución?, habrá que reubicar este librito en las estanterías de las bibliotecas y situarlo en el lugar que le corresponde: novelas de ficción. Mientras aquí el Gobierno pone cuantas trabas es capaz para el esclarecimiento del asesinato del Periodista José Couso, allí un Ex – Presidente de Gobierno sigue sin ser encausado por su parte de responsabilidad en la invasión criminal de Irak.
En nuestro litoral sube la edad de jubilación, y como no estaba precisamente baja antes y en todo caso bastante más alta de la estipulada en otros países de Europa, a los que dicen que tanto nos parecemos (será que como nuestros sueldos son bastante más exiguos hacen la media entre ambos valores, edad y salario, para establecer la comparación) habrá que encomendarse a Galeno para que mejore la atención sanitaria y bajen las listas de espera, porque o es eso, o poco tiempo y salud le va a quedar al ¡por fin jubilado! para disfrutar de aquello que le apetezca. En el otro, tenemos a la caterva de ex-altos cargos que perciben remuneraciones descomunales por lo que hicieron y ya no hacen, además de convertirlas en compatibles, en bastantes ocasiones, con ingresos adicionales por algún puestecito más honorífico que otra cosa, o de cara a la galería para presumir de plantilla ilustre y aprovechar su valiosa agenda. Entre los que se llevan sueldos millonarios por trabajos que ya no ejercen y que, como el primer salario no les roba ni un minuto, pueden cobrar a la vez cifras insultantes por alguna consejería en la empresa privada, hay un par de antiguos Presidentes del Gobierno que imagino que jamás tuvieron la menor inquietud en modificar la ley que permite tal agravio. Y eso, como es legal, obliga al silencio colectivo, ¿no?En los ejemplos anteriores, que son únicamente una pequeña muestra de un doble rasero con consecuencias trágicas, hay tanto cuestiones vitales como anecdóticas. Pero sea cual sea su trascendencia y sin restarle importancia a ninguna de ellas, algo es indiscutible a mi juicio: que unas y otras apuntan a que los ciudadanos que navegamos por la orilla con vistas a la basura somos un rebaño tan maltratado como sumiso. Y seguramente lo segundo hace posible lo primero.











































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