lunes, 2 de noviembre de 2015

Carta a Amancio Ortega



Querido y admirado Amancio Ortega:

Somos la explotación infantil, el salario del hambre y el despido libre, pero le hemos encargado que te escriban en nuestro nombre estas líneas de gratitud a los legisladores que permiten el establecimiento de tus empresas en las condiciones que te han llevado a ser el hombre más rico del mundo. Ellos saben bien cómo redactar la letra grande, la pequeña y hasta esa que no existe, por ejemplo en las etiquetas de tu ropa, y los hijos que nosotros parimos gracias a tu esperma no sabrían o no podrían.

Las niñas y niños que trabajan en tus talleres no han ido a la escuela y serían incapaces por analfabetos; tus obreras y obreros que sí saben leer y escribir no se atreven por miedo al tercero de nosotros; los que echaste a la calle no disponen de tiempo para la literatura ni un bufete de abogados que les pongan el texto delante para firmar.

Los tres te damos la enhorabuena por ser el más millonario entre los millonarios y todo nuestro agradecimiento porque nosotros seríamos más insignificantes si no fuese por ti. Tu expansión es nuestra multiplicación, tu éxito nuestra legitimación, tu ejemplo nuestra garantía de futuro y en cada euro de tu fortuna un buen puñado de céntimos los hemos acuñado nosotros.

Te describen como un hombre de origen humilde, emprendedor, creador de empleo, autocrítico, de carácter no autoritario y caritativo. Tu modelo de persona y empresario debería de enseñarse ya desde los colegios de primaria y no sólo en las escuelas de negocios, de ese modo habría menos voceros de pamplinas como los derechos laborales o sociales, y la explotación infantil, el salario del hambre y el despido libre no tendríamos que disputarles continuamente el espacio y del que tanto te debemos.



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